
Somos tierra: Cómo Dios planta semillas en nosotros para dar fruto
Matthew BellCompartir
¿Alguna vez has pensado por qué Dios nos creó del polvo? En Génesis, aprendemos que Dios formó al hombre del polvo de la tierra, moldeándonos con sus propias manos. Aunque esto pueda parecer una realidad humillante, también revela una verdad poderosa: el polvo es donde crece la vida. Así como la tierra recibe semillas y produce fruto, nuestros corazones están destinados a recibir la Palabra de Dios y dar fruto espiritual.
En este blog, exploraremos lo que significa ser tierra, cómo Dios planta Su verdad en nosotros y cómo podemos cultivar una vida que dé fruto para Su Reino.
Fuimos hechos de tierra con un propósito
Dios podría habernos creado de cualquier cosa —oro, piedras preciosas o incluso las estrellas—, pero eligió la tierra. ¿Por qué? Porque la tierra tiene la capacidad única de recibir, sustentar y producir vida.
Génesis 2:7 – “Entonces el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.”
La tierra por sí sola no tiene vida, pero cuando Dios la infunde, se convierte en algo valioso. Lo mismo ocurre con nosotros: sin Dios, solo somos polvo. Pero con Él, tenemos vida, propósito y la capacidad de crecer.
Cómo aplicar esta verdad:
- Reconoce que tu valor viene de Dios, no del mundo.
- Mantente abierto a la obra de Dios en tu vida, así como el suelo permanece abierto para recibir semillas.
- Recuerda que tu propósito es crecer en Él y dar fruto.
Nuestros corazones son como tierra que recibe semillas
Jesús solía usar la agricultura y la siembra para explicar verdades espirituales. En la Parábola del Sembrador, comparó diferentes tipos de corazón con diferentes tipos de suelo.
Lucas 8:11, 15 – “La semilla es la palabra de Dios... Pero la semilla en buena tierra representa a los que con un corazón noble y bueno oyen la palabra, la retienen y con perseverancia producen un fruto.”
Así como la tierra recibe las semillas, nuestros corazones están destinados a recibir la Palabra de Dios. Pero no toda la tierra está lista para sembrar; algunas son duras, pedregosas o están llenas de maleza. Si queremos dar fruto, debemos cultivar nuestros corazones para que sean como buena tierra.
Cómo aplicar esta verdad:
- Pasa tiempo en la Palabra de Dios para que Su verdad pueda echar raíces en tu corazón.
- Elimina las distracciones y los pecados que te impiden crecer espiritualmente.
- Ten paciencia: el crecimiento lleva tiempo, pero Dios es fiel en dar fruto.
La buena tierra da buenos frutos
La tierra no tiene valor a menos que algo crezca en ella. De igual manera, nuestras vidas deben producir los frutos del Espíritu, evidencia de la obra de Dios en nosotros.
Gálatas 5:22-23 – “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio.”
Cuando permitimos que Dios siembre su verdad en nuestros corazones, empezamos a ver cambios en nuestro carácter. Amamos con más intensidad, extendemos la gracia con mayor libertad y reflejamos a Cristo en nuestra vida diaria.
Cómo aplicar esta verdad:
- Examina tu vida: ¿qué tipo de fruto estás produciendo?
- Manténgase conectado con Dios a través de la oración y Su Palabra para permanecer nutrido espiritualmente.
- Confía en que incluso en tiempos difíciles, Dios está trabajando para que crezca algo bueno en ti.
Debemos permanecer humildes como la tierra
La tierra no se atribuye el mérito de los cultivos que produce; simplemente recibe y permite el crecimiento. De la misma manera, debemos ser humildes, sabiendo que todo lo bueno en nosotros proviene de Dios.
Juan 15:5 – «Yo soy la vid; ustedes son los pámpanos. Si permanecen en mí y yo en ustedes, darán mucho fruto; separados de mí nada pueden hacer».
No podemos crecer solos. Así como las plantas necesitan agua, sol y nutrientes, nosotros necesitamos la presencia de Dios para prosperar.
Cómo aplicar esta verdad:
- Dale la gloria a Dios por cualquier crecimiento o éxito en tu vida.
- Manténgase enseñable y siempre dispuesto a recibir más de Él.
- Anime a otros a crecer en su fe, así como Dios está haciéndolo crecer a usted.
Reflexiones finales
Ser de tierra no es un insulto, sino una invitación. Nos recuerda que fuimos creados para recibir la Palabra de Dios, crecer en su verdad y dar fruto que bendiga a otros.
Así que, la próxima vez que veas suciedad, recuerda: puede parecer común, pero encierra el potencial de dar vida, tal como lo tienes tú cuando permaneces en Cristo.
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