
Por qué tienes que afrontar tu dolor y tu trauma para crecer
Matthew BellCompartir
El dolor y el trauma son inevitables en la vida. Todos experimentamos angustia, pérdida, rechazo y decepción. Sin embargo, en lugar de afrontar estas heridas, muchas personas optan por reprimirlas, esperando que el tiempo lo sane todo. Pero ignorar el dolor no conduce a la sanación; solo causa heridas más profundas. El verdadero crecimiento en la fe y en la vida llega cuando permites que Dios obre a través de tu quebrantamiento, brindándote restauración y fortaleza.
El dolor que no se cura te mantendrá estancado
Un trauma sin sanar puede convertirse en un obstáculo para tu crecimiento espiritual y personal. Si evitas afrontar las heridas del pasado, estas seguirán afectando tus decisiones, tus relaciones e incluso tu capacidad de confiar en Dios. Hebreos 12:15 nos advierte: «Cuídense de que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios, y de que ninguna raíz de amargura brote y cause problemas, contaminando a muchos».
Cuando no lidiamos con nuestro dolor, este puede convertirse en amargura, miedo y entumecimiento emocional. Podemos tener dificultades para amar plenamente a los demás, confiar en Dios con nuestro futuro o incluso creer que Él quiere lo mejor para nosotros. Dios no quiere que vivas atado a las heridas del pasado; quiere liberarte.
Dios puede usar tu dolor para crecer
Dios no desperdicia el dolor. Lo que el enemigo planeó para mal, Dios lo puede usar para bien (Génesis 50:20). Tus luchas pasadas pueden convertirse en las herramientas que te capaciten para ayudar a otros, profundizar tu fe y fortalecer tu carácter.
Santiago 1:2-4 dice: «Hermanos míos, considérense muy dichosos cuando se encuentren en diversas pruebas, pues ya saben que la prueba de su fe produce perseverancia. Y que la perseverancia complete su obra, para que sean perfectos y completos, sin que les falte nada».
En lugar de ver tu dolor como algo que debes evitar, reconócelo como una oportunidad para crecer. Tus pruebas te moldean en quien Dios te ha llamado a ser.
Jesús entiende tu dolor
Una de las verdades más poderosas del cristianismo es que Jesús comprende nuestro sufrimiento. Isaías 53:3 lo describe como "varón de dolores, experimentado en quebranto". Jesús experimentó la traición, el rechazo, el dolor físico e incluso el peso del pecado en la cruz.
Por eso, Él está presente en nuestras luchas; está con nosotros. Cuando le llevas tu dolor a Jesús, no estás solo. Él desea consolarte, sanarte y guiarte en tu camino hacia la sanación.
Cómo empezar a afrontar el dolor y crecer a través de él
- Llévalo a Dios en oración : Pon tus cargas a los pies de Jesús. El Salmo 34:18 nos recuerda: «El Señor está cerca de los quebrantados de corazón y salva a los de espíritu abatido».
- Busca la sanidad bíblica : dedica tiempo a la lectura de las Escrituras y rodéate de consejos piadosos. Ya sea a través de la iglesia, un mentor o un consejero cristiano, la sanidad se da en comunidad.
- Perdona y libera : La falta de perdón te mantiene atado al pasado. Pídele a Dios la fuerza para perdonar a quienes te lastimaron y liberar cualquier amargura que te frene.
- Avanza poco a poco : la sanación es un proceso. No te apresures, pero tampoco lo evites. Confía en que, al caminar con Dios, él te guiará hacia la plenitud.
Reflexiones finales
Afrontar el dolor no es fácil, pero es necesario para crecer. Dios no quiere que te quedes estancado en las heridas del pasado; quiere sanarte y transformarte. Cuando le entregas tu dolor, lo convertirá en un testimonio de su fidelidad.
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